Ayer domingo hubo elecciones en el Perú. Cuando se trata de política, fútbol y religión ningún debate pasa desapercibido.Cada vez estamos más polarizado en cuestión de orientaciones sobre esos tres temas. Las personas ejercen una doble moral que cae ya hasta amigable de las tantas veces que las percibo. Por un lado dicen que cada uno debe elegir al que mejor le parezca, al que le de la gana sustancialmente. Por detrás se escandalizan por que fulanito votó por la asiática o por la roja. En qué quedamos? Es simple:
Como elector puedo o no decir el candidato que es de mi preferencia, porque vamos, estamos en democracia o no? De la misma manera puedo decir lo que me parece o no la elección de mi vecino, creo que tengo la suficiente materia gris como para diferenciar una crítica, de la que podemos estar o no de acuerdo, de un ataque con maldad hacia lo que crea otra persona. Puedo decir suelto de huesos que no me parece inaceptable (por muy fuerte que suene la palabra) que alguien que haya participado del gobierno dictatorial más corrupto en la historia peruana (que conocemos), tenga tantos electores. No le encuentro un sentido lógico en un escenario normal y con gente que vivió una de las épocas más sucias que mi memoria conoce. Si conociendo esto, puedes tú permitirte decir que quieres un gobierno de esta señora, estás y estamos sentenciados a repetir la historia. Estoy seguro que no solo en el Perú pasa este tipo de cosas.
Escuchaba hace muy poco a alguien decir que la gente que vota por Keiko lo hace porque el padre debió de haber hecho algo bueno, debió de haberles dejado algo bueno, les dió algo que perder. Eso compra muchos votos y por largo tiempo. Siento que ahí está la respuesta a mi pregunta. No le puedo encontrar otra respuesta. Gracias a don Alberto, su hija está a punto de seguir con el legado familiar.
Increíble lo de Kenyi, pero es el Perú y puedo, a mi pesar, entenderlo.
Este es el Perú, el que seguiremos viendo al menos por cinco años más.
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